The endless

summer

Airlie Beach

10 de mayo de 2018

Una chica caminaba por una carretera sin arcén rodeada de montañas repletas de palmeras y, cuatro casas en medio. Llevaba un tiempo viviendo en la zona pero ese día sería el último de muchos. Su avión salía esa misma tarde rumbo a casa.

Se llama Sofia, y está en la edad de que no es niña ni es mujer. El punto justo donde los caminos se cruzan y hay que decidir cual coger a sabiendas que el que elijas marcará tu vida. Ese día era uno de esos, pensaba. Se sentía extraña. Emocionada de volver a su tierra, de abrazar a todos aquellos que no había visto en años, pero a la vez, triste de dejar su nuevo hogar y su nuevo yo. Aquello había sido maravilloso, un respiro de aire fresco a sus días de monotonía en el pueblo.

Esa tarde se dirigía a nadar. Su compañera de habitación siempre le hablaba de una playa mágica por sus aguas y su tranquilidad. Pocos turistas la conocían y, muchos nativos solían ir allí a pescar; así que pensó que seria el lugar perfecto para empezar a despedirse.

Después de 45 minutos andando ya podía oler el mar. Al llegar allí, nada se parecía a lo que su mente había imaginado, pero le daba igual, solo pensaba en el momento de meterse en el agua. A su alrededor… nadie. Se desnudó, se sumergió y empezó a nadar.

Sofía y su encuentro

con leo VII

A cada brazada y a cada respiro sentía más paz y libertad. Quería impregnarse de todo aquello.
A los pocos metros se detuvo para coger aire, pero de repente la playa había desaparecido. Se encontraba sola, en medio de la infinidad donde mar y cielo se entrecruzan. Paletas de colores azules se dibujaban en formas abstractas moviéndose lentamente bajo sus pies. La sensación que empezaba a impregnarse en su cuerpo, se distinguía de la de antes y, sin querer, su mente solo podía pensar en una cosa -¿Qué habría allí debajo?.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, tenía frío. Abrazó sus hombros sin dejar de pedalear con los pies.

De pronto unos destellos de luz se dirigían a gran velocidad hacia ella, dejando un rastro de burbujas enormes al pasar. Estas la sacudieron de lado a lado y unos segundos después, se encontraba dentro de una burbuja avanzando con las corrientes del mar. Así fue cómo conoció a Leo VII.
“Los Leo son unos peces peculiares. Son pequeñitos y su piel esta cubierta de manchas y rayas sin orden, en blanco y negro. Se conocen entre ellos por el número de rayas que tienen en su cuerpo. Solo hay 20 en el mundo y todos viven en Australia. Aunque lo que les hace más especiales es su ojo. Solo tienen uno situado en el centro de su cabeza, en forma de luna y, unas pestañas muy largas que parecen algas. Lo utilizan para comunicarse entre ellos y, protegerse. Este ojo, irradia luz, y esta luz hace formas distintas con cada movimiento, creando símbolos de comunicación.”

“Los Leo son unos peces peculiares. Son pequeñitos y su piel esta cubierta de manchas y rayas sin orden, en blanco y negro.”

Existen leyendas

sobre ellos...

Existen leyendas sobre ellos donde se explica que son los mensajeros y guardianes de una historia centenaria y, que solo aparecen ante los seres que poseen la sabiduría suficiente para entender su mensaje.

La leyenda cuenta que “tres dioses quisieron cambiar el mundo escondiendo la felicidad al hombre. Después de mucho discutir pensaron que el lugar mas seguro sería dentro de estos mismos porque estarían mas ocupados buscándola fuera que en su interior”.

La corriente seguía arrastrándola sin pausa hasta que la burbuja empezó a hundirse hacia las profundidades. Sofia empezó a golpear las paredes pensando que se romperían, pero estas se deformaban con los golpes y su mano rebotaba hacia atrás. Lo más sorprendente es que podía respirar con naturalidad bajo del mar.

No entendía lo que le pasaba pero se dejaba llevar. La burbuja se paró delante de unas rocas llenas de plantas marinas y, en uno de los agujeros, media luna la miraba irradiando luz sin parar. Esta era tan fuerte que Sofia tuvo que cerrar los ojos y fue entonces cuando empezó a escuchar una voz en su interior.

¿Quién te ata

sino tu propia mente?

Sintió deseo de caminar descalza sobre la arena pero, al dirigirse hacia allí, el camino se lleno de gente caminando en dirección contraria a la suya. Esquivó varias personas hasta empezar a ver caras conocidas. Corrió para abrazarles pero estos se evaporaban como el humo. Su entorno siguió cambiando y cambiando. Durante unos largos minutos viajó por todo el mundo y disfrutó de cosas que para ella eran importantes y básicas en su vida. Sintió conexión con las imágenes y pensó, es la proyección de mi vida tal i como me gustaría. Todo parecía real pero al final se desvaneció para volver a su estado natural y el ojo empezó a brillar de nuevo.

Sofia salía del agua siete minutos más tarde sin dejar de pensar en la frase que el pez le había dicho al despedirse. -¿Quién te ata sino tu propia mente?

Sofia sabía que pensaría en eso el resto de sus días. Quizás su mente se sumergía otra vez en el caos. A veces, era difícil saber quien era y cuales eran sus sueños, pero su búsqueda y su camino era la respuesta, ahora lo entendía.

Sentada en el avión miraba por la ventana pensando, no se si volveré a Australia… pero se, que ha sido parte del camino. Volvió la mirada hacia su cuerpo, no había tenido tiempo de cambiarse de ropa, y sus prendas la conectaron automáticamente a lo que siempre más, sería un antes y un después en su vida.

Cerró los ojos y se dirigió al próximo destino.